jueves, 16 de septiembre de 2010

Por tres minutos de nada...


Me encontraba yo en una casa de fotografías. Esperaba que me llegase el turno, cuando de pronto entró una mujer de unos sesenta años y otro muchacho detrás.
—¿El último? —Preguntó la mujer.
—Soy yo señora.
—Gracias. —Me contestó.
El fotógrafo estaba recortando las fotos de quien me había dado la vez, el siguiente era yo. Entonces se me ocurrió pensar que si le preguntaba a la señora a quien le tocaba el turno si a ella o a mi, me diría que a ella, casi estaba seguro de su respuesta, así que ni corto ni perezoso le formulé la pregunta para no quedarme con la duda.
—Señora ¿ahora va usted o yo?
—Yo, hijo yo —Me dijo.
Entonces con ganas de cachondeo le dije.
—No, no, me toca a mi, ahora que me acuerdo, usted cuando entró preguntó quien era el último y yo le contesté que yo.
—Niño es que yo vine antes y pedí turno para esta hora —La mujer con tal de pasar delante se inventaba lo que fuese.
—Ah claro como cuando va a la peluquería que pide hora ¿Verdad señora? — Le dije yo tranquilamente y sonriendo.
De pronto la mujer se lleva las manos a la cabeza y dice alterada ¡¡La peluquería a saber que pelos llevo!! Corriendo se dirige a un espejo que hay colgado en la pared, justo se encuentra al lado de un pequeño banquito que hay para hacerse las fotos, se observa el cabello y se lo acicala apresuradamente, y aventajándose a mi se sienta dispuesta a que la fotografíen. Yo no podía aguantar la risa al ver el morro que tenía la señora y decido sentarme a su lado, entonces me mira enojada y me dice.
—¡¡Pero joven que haces sentado a mi lado!! No ves que van a echarme la foto.
—Señora es que yo estaba primero, pero no importa, que nos hagan la foto juntos.
La mujer toda enfada se levanta y empieza a decir que menuda juventud que no tenemos respeto por nada ni por nadie. Mientras yo seguía muerto de risa para mis adentros al ver la reacción de la mujer. Al igual que el fotógrafo que por ser su negocio se mantuvo al margen. Sin embargo otro chico que había presenciado toda la escena no se pudo callar y le contestó que la juventud no teníamos poca vergüenza que era ella la que había pretendido colarse con toda su cara.
—Pues claro, es que yo aún tengo que comprar, hacer la comida y poner lavadoras y vosotros no tenéis nada que hacer. —Contesto la mujer a gritos.
—Señora es que nosotros nos administramos el tiempo, eso sí, sin robárselo a los demás. —Replico el muchacho.
—Bueno…bueno… ya vale que menudas ganas de barullo tenéis, como se nota que no tenéis otra cosa mejor que hacer.
Por educación el chico guardo silencio y yo también. Entretanto el fotógrafo me sacó las fotos. No quise liarla más, pero me dieron ganas de decirle a la mujer. —¿Señora cree que he salido bien o me las repiten?

martes, 31 de agosto de 2010

De testigo la luna


Deja que te ame, deja que te sienta, solo lo sabremos tú, yo y las estrellas.

No tengas miedo cariño, tan solo piensa…que los besos, abrazos y todo lo que acontezca esta noche, no será presenciado por la luna de mañana.

A no ser que tú quieras.

jueves, 5 de agosto de 2010

El mejor de los regalos




Hoy me apetecía escribir, pero que difícil es hacerlo cuando te viene una idea a la mente y eres incapaz de poner tres palabras seguidas.
Quería escribir un cuento que hablara sobre una piedra preciosa, cuando digo preciosa me refiero a una piedra de valor, y cuando digo valor no me refiero a la cantidad de dinero que se pueda pagar por ella, sino al valor que tenga para ti.
De momento voy a dejarlo aquí porqué es la una y cuarto de la madrugada y mañana tengo que madrugar. Quizá está noche sueñe algo y pueda plasmarlo sobre el papel.

LA PIEDRA

Había una vez una muchachita llamada Luna era bonita y bastante menuda para su edad, tenía el cabello castaño claro y los ojos color miel, su cara estaba cubierta por pequeñas pecas dispersas, sobre todo en los mofletes, ver su linda carita era como alzar la mirada y ver el cielo salpicado por las estrellas. Su afición favorita era pasear por la orilla de la playa en la costa mediterránea. Seguramente debido a su timidez siempre se encontraba sola, era una cría bastante indecisa y sobre todo no creía en ella misma, lo cual no quiere decir que no fuese feliz, incluso estaba más mimada de lo normal debido a su cobardía.

Un día al atardecer paseaba por la orilla de la playa a la par que chapoteaba y daba saltitos en la orilla. Ya cansada se sentó y empezó a hacer con el dedo índice dibujitos sobre la arena mojada, dibujo un barco y esperó a que viniese una ola y lo borrará, luego un patito con el pico muy largo y acto seguido dibujo un círculo e hizo dos pequeños hoyuelos dentro de éste, uno a la derecha y otro a la izquierda, y una raya en medio de lo que parecían dos ojos, poco a poco iba tomando la forma de una cara, estaba ensimismada pensando si la boca se la hacía sonriendo o triste, cuando de pronto esa cara fue tomando relieve , cada segundo que pasaba se hacia más grande hasta tomar el aspecto y las dimensiones de un humano. Luna alucinaba, no era capaz de reaccionar pero no sentía miedo.

El hombre de arena empezó a hablarle. La niña lo observaba cabizbaja mientras lo escuchaba, intentaba verle la cara pero se la veía como borrosa y su voz le era totalmente desconocida.

El hombre empezó diciéndole que le iba a regalar una piedra que había encontrado en las tierras de Giza, justo al lado de la gran pirámide. Le hizo saber que era como un talismán y que tenía forma de medio coco. Le explicó que tenía que ser una piedra secreta y que nadie más en el mundo lo debía de saber, más que nada porque era una buena forma de saber mantener secretos. Entonces le explicó que mientras ella pensara que la piedra tenía poderes mágicos, ésta los tendría, le podría conceder cualquier cosa que ella creyera importante en su vida, también le dijo que cuando tuviera dudas que cerrara los ojos y le formulara la pregunta a la piedra y una voz interior le resolvería las incertidumbres.

Mientras el hombre de arena con cara borrosa y voz desconocida se esfumaba por arte de magia al igual que había aparecido Luna empezaba a sonreír. Pensaba que era muy afortunada porqué entre todas las niñas del mundo era la única en poseer tal tesoro, lo que no terminaba de explicarse es porqué había sido ella la elegida…

A partir de ese día fue teniendo confianza en ella misma, tan solo el saber que poseía la piedra mágica la hacía sentir segura. Al principio cualquier decisión que debía tomar se lo preguntaba a la piedra y una voz interior le contestaba, pero a medida que fue creciendo comprendió que la voz interior era ella y ella era la que se daba la respuesta. También aprendió que la fe mueve montañas y cuando alguien se propone algo en la vida es capaz de conseguirlo si pone el suficiente empeño.

Jamás, por muchos años que pasen podrá olvidar al hombre de arena que le hizo tan valioso regalo, siempre lo tendrá presente en esa parte del cerebro que llamamos “rinconcito”.







jueves, 22 de julio de 2010

Palabras


Palabras…

Lástima de las que no dicen nada.
¡Pero Dios…! Las que dicen...
Como abrigan la soledad
y dan calor al alma.
Palabras que hacen sentir
que despiertan emociones
y rescatan sonrisas.

Lástima de las que no dicen nada.
¡Pero Dios…! las que dicen…
Como alimentan el ego
y sientes como te abrazan.
Palabras que te envuelven
que te acarician
y te tienen atrapada.

Lástima de las que no dicen nada.
¡Pero Dios…! las que dicen…
¿Palabras? No, más que palabras.

jueves, 3 de junio de 2010

Menuda noche de perros


Anoche me acosté relativamente pronto. Hacía un calor insoportable si me destapaba estaba incómoda, si me cubría tenía calor. Empecé a dar vueltas como casi todas la noches, hasta encontrar la posición correcta, cuando en realidad ya sé cual es la posición que necesito para conciliar el sueño, pero me da igual saberlo, necesito dar mil vueltas en la cama, sé que al final quedaré boca bajo con una de las piernas flexionada formando un ángulo y la cabeza ladeada, pero si me pongo así desde el principio me falta algo. No sé que hora sería, cuando caí en los brazos de Morfeo, pero seguramente muy tarde, hubiera mirado la hora pero estoy segura que si empiezo a palpar la mesilla en busca del reloj lo mas seguro es que hubiera ido a parar al suelo, como me ha ocurrido algunas veces; la tapa del despertador por un lado, las pilas por otro, en fin…un desastre, menos mal que es un “Casio” si no ya estaría roto, recuerdo que cuando lo compre me pidieron un dineral, unos diez euros me costo, me pareció muy caro para el servicio que me iba a dar, no es agradable que un aparato te despierte por las mañanas, aunque a decir verdad prefiero que me despabile una alarma que el taconeo de una vecina, al menos es a la hora que tenía prevista levantarme.


Empecé a oír pasos provenían del piso superior al mío, esta vez si miré el reloj, eran las seis de la mañana.Mi vecina con sus tacones de quince centímetros parecía estar haciendo un paseíllo… recorriendo la habitación ─jolin que ya sé que tienes zapatos nuevos, deja de pasear, pensé.─ Mi marido también se despertó con el taconeo, se levantó, para arreglarse e irse a trabajar, mientras la vecina seguía y seguía deambulando por la habitación. Histérica perdida le vocee a mi marido ─Cariiiiiiiiiiiiiii ¿me puedes traer un tazón de leche?─ la vecina al oír mi bramido, se dio por aludida y dejó de molestar. Entretanto desayunaba en la cama recordé que cierta vez leí que nadie alcanzaba a chuparse el codo, no se porqué me vino esa idea a la mente, el caso es que terminé de beber la leche dejé la taza vacía sobre el posavasos, me cogí el antebrazo derecho con la mano izquierda e intenté alcanzar el codo con la boca, ladeé la cabeza, el cuello, saqué la lengua al máximo a ver si lograba llegar al codo, pero nada no hubo forma, me di por vencida y me volví a recostar, empecé a relajar mentalmente cada parte de mi cuerpo intentando al finalizar dejar la mente en blanco. Pero de pronto, oí la ducha del piso de arriba, está vez era el hijo, de normal no suele importunarme ese ruido, suelo confundir el chapoteo de la ducha con la lluvia y me gusta, pero está vez no lo confundí, estaba demasiado despejada para confundirlo, tan solo quería y necesita silencio. ─ jo, quería morirme ─ Busqué en los cajones de la mesilla los tapones de los oídos y solo encontré uno, empecé a sacar la ropa interior, rebusqué y rebusqué el tapón, pero no apareció, decidí cubrirme la cabeza con la almohada, para no escuchar nada. Al final enfurecida me levanté de la cama y me dí por vencida.

Gracias a Dios no es siempre así. Menuda noche de perros.

martes, 25 de mayo de 2010

Para Ti


Lo sientes cerca…
estando lejos
Lo sientes tuyo…
aún sin serlo.

Te precipitaste…
sin tu quererlo.
El amor te llegó…
en mal momento.

Ahora lloras…
el desencuentro.
Tranquila amiga…
que avance el tiempo.

Tu corazón roto…
algún buen día
se recompondrá…
volverá a estar entero.

Querida amiga con toda mi alma es lo que yo te deseo.

Te quiero un abrazo.

viernes, 21 de mayo de 2010

Sin comerlo ni beberlo 3

Terminada su jornada laboral Antonio se dirigió al garaje, se subió al automóvil y marchó dirección a su casa. Sus pensamientos eran un auténtico torbellino, no podía dejar de pensar en Lucia. En su cuerpo que parecía dibujado de tan perfecto, sus andares felinos, en esos ojos azules que le habían cautivado por primera vez. Conectó la radio para distraerse, intentó canturrear las canciones que ponían en la cadena, pero por más que lo intentaba pasados unos segundos Lucia volvía a su mente revoloteando. No comprendía que al cabo de cinco años se hubiera presentado en su oficina de improvisto para pedile disculpas y se le insinuara de esa forma. Se preguntaba como habría averiguado la dirección. De pronto le sonó el móvil, era Estefanía.

─Dime cariño ─Contestó Antonio.

─Llegaré más tarde a casa, se me ha complicado un poco el trabajo, un besito, en un ratito nos vemos. ─Dijo Estefania.

─Está bien. ¿Quieres que pase a recogerte?

─No, no te preocupes, seguramente me acercará Adolfo. Intentaré llegar lo antes posible.

─Vale Estefanía, un beso.

Antonio ese día tuvo suerte, encontró aparcamiento a la primera. Subió a casa, abrió la puerta y fue directo a la habitación. Se quitó la americana y la puso a airear, cogió unos boxer de la mesilla de noche y fue al baño a darse una ducha. Se descalzó, se quitó los calcetines y los pantalones, al desprenderse de la camisa, percibió de nuevo el aroma sensual de Lucía, se sentó en la bañera, cerró los ojos y empezó a olfatear la prenda profundamente, recordando por enésima vez como coqueteando se había desprendido de la gabardina de forma seductora, y le había exhibido su cuerpo, tan solo cubierto por un pequeño picardías negro. Quería quitarse esos pensamientos de la cabeza, se enfadó con él mismo, se dijo que era un imbécil, que tenía una mujer maravillosa, que Lucia le había amargado la vida anteriormente y de nuevo pretendía tejer una telaraña para que cayera en sus redes. Se preguntó si estaría perdiendo el juicio, se argumentó mil razones para dejar de sentirla tan cerca. Pero lo que realmente le ahogaba y evitaba cavilar era que en el fondo sabía que Lucia hubiera podido hacer con él lo que hubiera deseado. Así como decidió marcharse, hubiera decidido seguir seduciéndolo, hubiera caído rendido a ella como una marioneta que se deja manejar. Rabioso tiró la camisa al cubo de la ropa sucia y se metió en la ducha. Dejo correr el agua fría, sobre ser otoño ni siquiera la reguló para que saliese tibia, estuvo un buen rato bajo el chorro de agua intentando mantener la mente en blanco, un poco más despejado se puso el albornoz y salió del baño. Entraba Estefanía por la puerta en ese momento. Se dieron un beso como era de costumbre y se repanchingaron en el sofá.

─¿Qué tal el día Antonio?

─Bien, muy bien, bastante trabajo. Has llegado bastante pronto, pensé que tardarías más… ─Le dijo a su mujer.

─Sí, hubo un pequeño problema en el ordenador, pero Adolfo que es un manitas lo solucionó rápido y pudimos terminar el trabajo. Ya te lo contará mañana en Altea, él que entiende más.

─Bien. Estoy cansado, voy a acostarme, no me encuentro bien.

─Pero no hemos cenado, ¿no vas a comer nada?

─No cariño, no tengo apetito.

─¿Te caliento un vaso de leche?

─No gracias, voy a acostarme.

─¿Pero que te ocurre, te duele algo… te ha pasado algo en el trabajo? ─Le susurró preocupada.

─Me duele un poco la cabeza, eso es todo. ─Contestó evitando mirarla.

─Vale cielo que descanses, si necesitas cualquier cosa me llamas.

─Bien. ─Le dio un abrazo a Estefanía y se fue a la cama.

No le dolía la cabeza pero necesitaba estar solo. Después de mucho recapacitar, llegó a la conclusión que lo sucedido en la oficina con Lucia era una anécdota más en su vida, que le había pillado por sorpresa y que no le daría más vueltas al asunto, al fin y al cabo estaba seguro que cualquier otro hombre se habría lanzado, sin poder resistir la tentación de amarla.

Al día siguiente era sábado. Antonio y Estefanía pasaron a recoger a Adolfo el compañero de trabajo de Estefanía y a su mujer Alicia, ya que días antes habían organizado pasar un fin de semana en Altea. Sobre las diez de la mañana llegaron al pueblo. Un pueblecito encantador situado sobre una colina. Pasearon por el casco antiguo, otearon sus casitas blancas mientras caminaban por las calles estrechas y empedradas, poco a poco ascendieron hacia una plaza, desde donde pudieron divisar el mar. Lo pasaron estupendamente y a Antonio le vino de maravilla la salida, apenas se le pasó por la mente Lucia y cuando le venía a la cabeza, pensaba que vaya neura había pillado el día anterior, cuando total no había sucedido nada de lo que tuviera que avergonzarse.

El lunes por la mañana, se levantó contento y feliz. Mientras se acercaba al trabajo pensaba en lo bien que lo habían pasado el fin de semana. Empezó a reírse cuando pensó en como había terminado la noche del sábado. Se pusieron bastante contentos en la cena y de vuelta al hotel Estefanía le tenía preparada una buena sorpresa lo que le hizo recordar lo mucho que quería a su mujer. Llegó a la oficina, descargó el maletín y encendió el ordenador, se puso a leer los correos, empezó abriendo el primero y cuando llegó al quinto le dio un vuelco el corazón ponía lo siguiente;

Hola, Antonio:

La siguiente persona te ha mandado una solicitud de amistad en Facebook.



Lucia



No me hagas esto… por favor. ─Pensó Antonio mientras se llevaba las manos a la cabeza.

lunes, 17 de mayo de 2010

Una Consulta; Dos reacciones

Un señor se acerca a un bufete de abogados. Pregunta a la secretaria si lo pueden atender. Ésta le dice que sí, pero que tendrá que esperar al ir sin cita previa.

Al cabo de una par de horas de espera por fin lo llaman y le formula la consulta al letrado. No voy a relatar la consulta y el asesoramiento por parte del abogado, sería demasiado largo, aburrido y no viene al caso. Pero sí decirles que el señor quedó satisfecho y le agradeció al jurista la forma de atenderle y la tranquilidad que le había transmitido, ─ ahora ya sabía a lo que atenerse.

El cliente salió del despacho del abogado y accedió al despacho de la secretaria.

─¿Señorita que les debo?

─ 50 € señor.

─¡¡¡ 50 € me cobran por la pregunta!!!

─No señor, jamás cobramos las preguntas, lo que cobramos son las respuestas.

domingo, 16 de mayo de 2010

Sin comerlo ni beberlo 2


Lucia se presentó en la oficina de Antonio, había engordado un poco, ya no era la chica flacucha y deteriorada a causa de la droga. Vestía una gabardina abotonada por encima de la rodilla color beige claro, el cinturón lo llevaba bien ceñido a la cintura marcando la silueta, un minúsculo pañuelo moteado cubría su cuello, llevaba unas medias negras y unos zapatos de salón que aumentaban su altura considerablemente. Entró a la oficina suavemente con andares felinos, mientras miraba fijamente a su exvecino con una sonrisa radiante y provocadora.

─Hola Antonio. ─Se sentó frente a él

─Lucía… ¿Pero tú…aquí?

Antonio quedó confundido al verla. Recapituló en unos segundos todas las jugarretas que le había hecho, hacía de ello unos cinco años. Le vino a la mente cuando le pincho las ruedas del coche, como le gritaba mal follado, la carta amenazadora que le echo por debajo de su puerta… Brotaron todos los recuerdos ya casi olvidados. Recordó el atosigamiento y las perrerías continuas que había sufrido cada vez que su vecina Lucia le pedía dinero para droga y él no se lo daba. Había logrado desequilibrarlo hasta tal punto que tuvieron que marchar él y su pareja Estefanía del piso donde vivían para librarse de ella.

─Sí, yo aquí… ¿Pensabas que te librarías de mi? Antonio ─dijo manteniendo la sonrisa sugerente─ Ya no soy la misma, estoy recuperada, te recuerdo mucho y vine a pedirte disculpas por el acoso que sufriste por mi parte en su día. ─Entretanto iba desanudando el cinturón de la gabardina.

─Bueno…está bien, gracias. No hacía falta que te hubieras molestado, ya está todo olvidado, me alegra que estés recuperada. ─Susurró casi sin voz Antonio.

─No es molestia, al contrario, no puedes imaginar lo que me apetecía verte. Estás igual de atractivo que siempre. ¿Sabes? Siempre me gustaste.

─Gracias… ─Contestó, bajando la mirada.

─Antonio ¿cómo me encuentras?

─Bien, te encuentro bien.

─¿Sólo bien?

─Perdóname, estoy algo desconcertado y aturdido, me sorprende tu aparición.

─No tienes nada que temer, esta vez no. Vengo en son de paz.

─Antonio hace mucho calor en esta oficina, ¿verdad?

─Sí, un poco, pondré el aire acondicionado.

─No, no hace falta. ─Lucia empezó a desabrocharse la gabardina poco a poco, mientras Antonio la oteaba…la encontraba muy guapa, sus ojos azules que antes desprendían rabia, ahora le parecían dulces con una chispa de picardía. Se estaba poniendo nervioso y todavía se ponía más pensando que Lucia se lo notaría. Jamás se había sentido así ante su presencia, quería pedirle que se fuera, que se marchara, pero no entendía lo que le pasaba, estaba paralizado, sentía una especie de hipnotización que no le dejaba reaccionar como quería.

─Tengo que trabajar, discúlpame. ─Dijo por fin.

De repente Lucia se cruzó la gabardina y se levantó de la silla, dio dos pasos hacia la puerta, hizo el gesto de marcharse, pero de pronto se volvió hacía él, se le quedo mirando y se despojó de la gabardina poco a poco, quedando semidesnuda. Llevaba un pequeño picardías negro, sus pechos tersos y los pezones se dejaban entrever por las transparencias, incluso se le podía apreciar un lunar que tenía en su pequeña cintura, era tan cortita la prenda que apenas cubría las braguitas a juego, sus piernas bien torneadas, y las medias de liga completaban el conjunto. Antonio la contemplaba absorto sin mediar palabra. Empezaba a sudar, tenía terror de sus propios pensamientos. Él un hombre fiel veía peligrar su integridad. Quería decir algo, pero era incapaz de vocalizar una sola palabra.

─Antonio ¿qué piensas?

─No sé…

─¿Cómo que no sabes?

─No…

─Claro que sabes.

─Antonio ven…acercate..

Antonio no era capaz de moverse de la silla, se había cogido con fuerza al borde de la mesa, lo que demostraba su desasosiego, mientras ella lo observaba atentamente, recordando que incluso cuando lo acorralaba pidiéndole dinero para droga jamás él le había dicho una palabra fuera tono, le encantaba su timidez, su educación que contrastaba con la suya, provocadora, mal educada y caprichosa.

─¿Me tienes miedo Antonio? Está bien… ─Lucia se acercó rodeando la mesa que los separaba y se puso detrás de él, sus manos pequeñas le rodearon el cuello y empezó a acariciárselo con suavidad.

─Lucia por favor...

─Antonio… ¿No me rechazarás una vez más, verdad? Esta vez no te voy a pedir nada a cambio, no soy la misma de antes, ya te dije que estoy curada.

No podía verla al encontrarse detrás de él, pero percibía su aroma, una mezcla de ámbar con toques de madera y flor de naranjo, desprendía intriga y sensualidad por todos los poros de su piel y las caricias que le estaba propinando en el cuello le pusieron la piel de gallina, notaba como su corazón se aceleraba por momentos.

─Antonio volveré, ahora tengo que irme, es tarde.

Lucia cogió la gabardina, mientras lo observaba, se la puso lentamente regocijándose ante la mirada atenta de Antonio, le tendió las manos con la intención de que se levantará de la silla, él levitando accedió a su capricho, dueña de la situación se aproximó hasta que sus dos cuerpos pasaron a ser uno, más femenina que nunca le prendió la barbilla con una mano y le dio un suave beso en la boca.

─Pronto te haré otra visita.

─Por favor no vuelvas.

─Jajaja. Bueno ya veremos.




viernes, 14 de mayo de 2010

Carta de Dimisión



Valencia 13 de mayo del 2010

A la att. De Recursos Humanos:

Quiero agradecerles que me dieran un puesto de trabajo en su empresa y darles las gracias por las atenciones recibidas, sobre todo por parte de la coordinadora que valora mi trabajo y mi esfuerzo e incluso no duda en felicitarme por superar los objetivos de ventas.

Es cierto que accedí al puesto encantada. Este trabajo aparte de que me gusta me deja la oportunidad de atender a mi familia gracias a un buen horario. Siento profundamente tener que renunciar a el y más en los tiempos que corren.

Quizá se pregunte el porqué de mi dimisión cuando todavía no hace dos semanas que me he incorporado al trabajo. Intentaré explicárselo… El domingo despierto ilusionada y a medida que avanza el día y se acerca el lunes siento un gran vacío, un vacío que sin embargo me llena. Me llena de insatisfacción, me llena de inquietud y acaba con mis ilusiones. Ilusiones de superarme día a día. Me resulta difícil avanzar sintiéndome coaccionada. Siento que aunque pongo el máximo interés para progresar no me llevará a ninguna parte entretanto haya una persona arribista que juzgue mi trabajo y controle continuamente mis tareas, cuando en realidad no posee potestad alguna ni para delegar ni para dirigir mi trabajo, todo lo hace con el fin de cuanto más trabajo haga yo más se zafa ella de sus obligaciones. De momento es llevadero, pero… ¿que me espera cuando la encargada coja la baja por maternidad de aquí un par de meses? ¿Quién pondrá paz? Solo se que la tristeza me embarga y que prefiero renunciar antes de tener que soportar una “guerra fría”.

Aviso con quince días de antelación, para que me preparen el finiquito, pero no me importa esperar más tiempo hasta que encuentren a la persona adecuada para ocupar mi lugar.

Atte: Una persona que se siente subyugada.

Posdata; Esta carta nunca llegará a su destino, pero es una forma de desahogarme. No sé lo que aguantaré como siga este plan, seguramente muy poco. Prefiero comer pan y cebolla y no vivir inquieta. Siento en el alma las personas que dependen de un sueldo para poder sobrevivir y no pueden renunciar cuando son acosadas continuamente y tienen que acudir a la medicación para poder soportar la presión, yo gracias a Dios en estos momentos me lo puedo permitir, tal vez en otra ocasión no pueda y tenga que pasar por donde me digan. Lo peor de todo es que el mal rollo ocurra entre personal subordinado, al menos si tienes que estar avasallada que sea por un superior. Nadie somos imprescindibles esto se aprende con el tiempo, hoy quizá renuncie yo y quizá mañana cuando la conozcan bien, ya que apenas lleva dos meses la despidan a ella.

lunes, 10 de mayo de 2010

La Higuera


Miguel había tenido una infancia bastante difícil y aunque había trabajado desde los diez años, lo poco que ganaba era para subsistir él y su madre. Tenía padre pero como si no lo tuviera, éste abandonó a su mujer y a su hijo muy pequeño a su suerte, para marchar con una fulana.

Su madre había heredado la mitad de una casa. Miguel, ya no era niño, tenía por aquel entonces unos veinte años, tenía novia, así que decidió pedir un préstamo, quedarse con la vivienda y casarse poco tiempo después. El matrimonio trabajo muchísimo para poder hacer frente a la hipoteca, pero lo consiguieron, años después ya no tenían deudas. Miguel abandonó en esos momentos su puesto en la empresa donde trabajaba y se dedicó a la agricultura que era su pasión.

El deseo de Miguel era poder cultivar en tierras propias. Un buen día, hace unas cuatro décadas, en el mes de julio, le salió una buena ocasión para cumplir su sueño y con gran esfuerzo pero muy ilusionado, compró un terreno con derecho a agua en La Ribera Alta de Valencia. La tierra de secano estaba ocupada por almendros, olivos y algarrobos. De las dieciséis fanegadas que adquirió, trabajo cuatro de ellas, aplanó el terreno, lo limpio de piedras, removió la tierra con el arado; transformó parte del ambiente algo montañoso en una pequeña llanura apta para que sus siembras crecieran sin dificultad. Muy cerca pasaba un río, el cual se divisaba desde la parte más alta del terreno y el pueblecito quedaba a kilómetro y medio. El hombre estaba contento y feliz con la compra.

A lo seis meses de la compra en el mes de enero, lo primero que plantó fue una estaca de higuera, el higo era el “fruto” preferido de su suegra y su mujer. Más tarde plantó árboles frutales, debido a que la plantación era para consumición propia, prefirió poner diferentes variedades de árboles, también cultivaba; tomates, judías, calabazas, pimientos... No había ningún problema en el cultivo, se disponía de agua suficiente para el riego.

Todos los domingos iba la familia al campo. Miguel tenía un niño pequeño, el cual se lo pasaba en grande, padre e hijo sembraban, quitaban las malas hierbas, etc. Cuando se cansaba el infante, le daba la mano a su abuelo y recorrían el camino sinuoso hasta llegar al río y chapoteaba en verano. Entretanto su mujer y su suegra preparaban la comida que normalmente era una paella hecha a leña.

Pasó el tiempo y todos los árboles tuvieron producción, excepto la higuera. La famosa higuera plantada con más ilusión no había forma de que produjera. Plantó alguna más, “observando el fracaso de la primogénita” las cuales sí dieron higos. La suegra le decía que la arrancará, que seguramente sería una higuera macho, pero él terco como una mula ahí dejo el árbol, le seguía clareando las ramas en tiempo de poda y dándole los cuidados necesarios que eran pocos, pero jamás le hizo ningún injerto. Así pasaron cerca de dos décadas y la higuera seguía sin ser fértil.

No se sabe si fue casualidad, obra del destino, obra de un milagro o quizá haya una explicación para ello ─siempre será una incógnita─. Pero el caso es que la suegra de Miguel falleció en octubre de 1987 y en agosto de 1988 la famosa higuera fue madre por primera vez, estaba repleta de higos. A partir de ese agosto ha sido la higuera que mas higos ha dado y los mas dulces.

viernes, 30 de abril de 2010

Gracias, por ser como eres


Cuando me ves afligida.
Hombre de pocas palabras
guardas silencio; no hablas.
Y combates con otra arma.

Me das la mano, me miras.
Y sigues sin decir nada.
Más arrumacos, caricias…
Hacen sentirme amparada.

Entonces ya sí preguntas.
¿Qué te pasa alma cándida?
¿Ya puedes contar tus penas?
¿Marchó el nudo de tu garganta?

Sí cielo mío, respondo.
Y tú me escuchas con calma.

martes, 27 de abril de 2010

Podría?


Podría disimular los celos…
La tristeza…
La decepción…
El egoísmo…
El deseo…
La locura…
La soledad…
Y un sinfin de sentimientos más… Podría…
Pero…
¿Podría disimular el amor no correspondido? No creo…
Mi gesto, la expresión de mi mirada, mis manos temblorosas… Me delatarían.
Entonces me pregunto…
¿Cómo podría disimular los celos…?
La tristeza…
La decepción…
El egoísmo…
El deseo…
La locura…
La soledad…
No, no podría…Ante él no podría encubrir mi encubrimiento.

sábado, 24 de abril de 2010

Una tonta muy cobarde

Emociones pasajeras
llenas de perturbación;
unas veces agradables
otras pura decepción.
Depende de cada caso
y de cada situación.

Pero ¿qué importa esa estrofa?
si quien la compone soy yo.
Una tonta en la inopia
llena de indecisión.
¡Podría escribir en prosa!
¿Quizá lo haga mejor?

Una opinión de ustedes,
sería buena elección.
¿Pero activar comentarios?
Menuda preocupación.
Soy demasiado cobarde,
para accionar esa opción.

miércoles, 21 de abril de 2010

María María


Entretanto se llenaba la bañera. María se cepilló los dientes y se pasó el irrigador bucal. Dejó caer en el agua caliente de la bañera unas gotas de aceite de vainilla y espuma de baño, le gustaba el aroma dulce y cálido que desprendía. Se relajó dentro del agua jugando con la espuma un buen rato, hasta que se quedó medio fría, decidió salir, se puso el albornoz y se fue a la cama.

─Cariño… estás completamente desnuda...sin braguitas…sin sujetador… me gusta tu aroma, hueles de una forma tan especial…

─Sí cielo, completamente...y mañana no trabajo.

─Que maravilla… no tienes que madrugar… ─Le susurraba el marido al oído mientras la acariciaba… sus manos recorrían su cuerpo suavemente…

─Bueno…madrugar sí… Mañana empiezan las rebajas y estoy completamente desnuda. Buenas noches y sueña con angelitos…

─¿Sabes cielo?

─Dime María.

─Solo fue una broma…sigue…

─María…María

lunes, 19 de abril de 2010

¡SI ME LLEGA A DAR ME DESCALABRA!


Había terminado mi jornada laboral, me dirigía a la estación del norte en Valencia, acababa de acceder a la calle Játiva, cuando observé a un hombre de avanzada edad que venía de frente, era alto, pelo gris y desgreñado, llevaba un abrigo larguísimo y algo raído, y un garrote muy grande, ─¿qué digo grande?─, parecía una porra troglodita, quizá no tenía la forma tan definida como ésta, pero aseguro que el diámetro era bien grande y su largo mediría como mínimo un metro, por supuesto no usaba la garrota para apoyarse, la balanceaba al son de sus pasos. Se me quedo mirando y yo a él, tenía una mirada muy rara. Me encontraba a unos tres metros de distancia, cuando de repente me percaté que alzó el bastón más de lo normal, me asusté y mi intuición hizo que diera unos pasos apresurados hacía mi derecha donde se encontraban dos chicos hablando, me agazape con fuerza a uno de ellos, ni siquiera miré al viejo hasta pasados unos segundos. El chico me preguntó que me pasaba, ─ él se encontraba de espaldas al supuesto agresor y no vio nada─ le señalé al señor del abrigo, le dije que me había asustado la mirada extraña que tenía, también le comenté que me había dado la sensación de que iba a atizarme con la garrota ─seguramente pensaría que estaba loca─. Pero el amigo que se encontraba frente al individuo del garrote también había notado algo extraño en el personaje y se lo comentó. Pedí disculpas y seguí mi camino. Cada ratito me daba la vuelta, todavía estaba acobardada.

Cuando llegue a casa relaté a los míos lo que me había sucedido. Me decían que serían imaginaciones mías, que como iba a vapulearme con el garrote un desconocido en una calle tan concurrida de Valencia. Se desternillaban cuando les hablaba de las dimensiones de la porra troglodita ─pensaron que me había montado una película─. Yo seguía convencida que de no aferrarme al chico me habría golpeado seguro, pero no dije más y concluimos el tema.

Por la tarde sonó el teléfono, ─ era mi madre─ la notaba alterada, al hablarme parecía que llevaba quince chicles en la boca, apenas vocalizaba bien.

─¡¡¡¡Ayyyssss hija no sabes lo que acabo de oír en la radio, que un loco escapado del psiquiátrico esta mañana ha agredido a varías mujeres con una garrota de enorme tamaño, en la calle Játiva y alrededores, y una de ellas esta ingresada!!!!

QUERIDO ABUELO

Querido abuelo:

Abuelito como me acuerdo de ti, espero y deseo que estés muy bien, te escribo esta carta para recordarte varias anécdotas, sé que te harán feliz.

¿Te acuerdas cuando me llevabas contigo al bar? Yo era tan pequeña…nos sentábamos en una mesa y tú llamabas al camarero y le pedías unas gambitas saladas para mi ─sabías que me encantaban─ primero me las pelabas y mientras me las comía, desenvolvías un caramelo de pictolin y utilizabas el envoltorio para enseñarme a hacer barquitos de papel.

También recuerdo las veces que me salvabas de situaciones… ahora me hace mucha gracia, pero realmente para mi entonces era importante y eras mi salvador, mi ídolo, mi todo. Como el día que me mando la mama a comprar sal. Yo estaba jugando y no podía perder el tiempo y mi madre me obligó, me dio el dinero y me dijo que fuera. Salí corriendo mientras le gritaba imbecilllllllll. Cuando regresaba a casa con la sal te encontré por el camino, la mama me riñó y pretendía darme unos azotes en el culo, pero tú me cogiste de los brazos y me ibas apartando sorteando los “golpes”. Otro día me mando a comprar huevos, yo estaba patinando en la calle, me dijo que me quitara los patines y yo terca como siempre no me los quise quitar. ¡Cómo lleguen a casa hechos tortilla te castigaré! ─me decía─ y anda si llegaron…no se salvo ni un huevo jajajajja. Yo veía la risita de mi madre por debajo la barbilla, pero ese día el castigo no me lo quito nadie. Cuando te lo conté me dijiste… si llega a estar el abuelo compra otra docena y no se entera.

Abuelo… y el día que la tía Pepa me regaló la falda plisada roja, esa cortita, ¿te acuerdas? me veía guapísima y ni corta ni perezosa me fui a tu casa a haceros un pase de modelo, jo cuando la abuela se entero que fui sola, se puso como loca, no se lo podía ni creer, y tú dijiste “bueno venga que tampoco es para tanto” ahora la llevo a casa. Por el camino hablábamos de la falda, del color rojo tan bonito que tenía y de lo bien que me sentaba. También me explicabas que era muy pequeña para ir sola a tu casa y que no debía haberlo hecho. Mientras… mis padres estaban tan tranquilos pensando que estaba en casa de una amiga.

Abuelo…y las trampas que le hacías a la abuela jugando al parchís ¡qué! Te salía un dos y te pintabas cuatro, jajajjaja, yo alucinaba, pero más aluciné cuando me preguntó la abuela de que me reía tanto y yo le contesté ─de nada abuela─ y ella me dijo, ya se que tu abuelo y tú sois cómplices y que me está haciendo trampas, pero como yo soy la que apunta quien gana la partida, qué sepáis los dos, que tu abuelo las gana a base de trampas, pero yo anoto que he ganado la partida, jajajjajajajja, al final la abuela había ganado tres partidas y tú una ─cualquiera se lo discutía─ como nos reíamos… a la abuela no se la pegábamos, menuda lista era…

También te quiero recordar el día que la abuela hizo sopa de fideos, y a mi me caía un mechón de pelo en la comida, lo retiraba y me volvía a caer dentro de la sopa, te levantaste de la mesa, cogiste las tijeras me cortaste el mechón y te lo guardaste en la cartera. Siempre lo has llevado contigo…


¿Abuelo te acuerdas cuando pedí a los reyes la bici BH? Te preguntaba si mis padres me la habrían comprado, tú me decías que sí, pero yo insistía e insistía si estabas seguro. Entonces haciéndote el interesante me dijiste: “Voy a darte una sorpresa” pero de esto que no se entere nadie, cogiste las llaves de casa del tío Juan y subimos al piso que se encontraba vacío, entramos al comedor y ahí estaba mi nueva y flamante bici BH roja, jajajjaja, como me reía y pedaleaba como una loca. No dirás que no sé mantener un secreto, nunca se lo dije a mis padres, se enteraron cuando los dos lo contamos pasados muchos años. ¿Te acuerdas?

Abuelo recuerdo las batallas de la guerra que me contabas, para mi eras un héroe. Son tantas cosas compartidas que me resulta imposible enumerarlas.

Quiero darte las gracias, he tenido una suerte inmensa de tenerte como abuelo. Has sido, eres y serás una de las personas más importante de mi vida. Abuelito ¿sabes? guardo todas tus novelas de Estefanía.

Siempre que me ocurría algo, fuera bueno o malo siempre te llamaba; abuelitoooooo…abuelitooooo y sigo llamandote.


Abuelito solo tengo ahora un problema, no sé dónde mandarte esta carta, espero que desde el cielo la puedas leer. Si cierro los ojos incluso puedo abrazarte y sentirte y estoy segura que sientes mis abrazos. Ojala el día que tenga nietos pueda lograr con mi buen hacer que me quieran la mitad de lo que yo te quiero a ti.

Te quiero abuelo, dale un abrazo a la abuela muy grande y dile que también la añoro.

sábado, 10 de abril de 2010

INCERTIDUMBRE



Si pudiera leer tus sentimientos;
perdería temor, ganaría valentía,
batallaría con todos mis miedos,
acabaría con amarga melancolía.

viernes, 9 de abril de 2010

PLANETA EDIGON



Nawey y Sagna vivían en un planeta llamado Edigon. Tenían cuarenta años, era la mejor edad para tener hijos en ese planeta. Nawey y Sagna concibieron a su hija de forma natural, a los quince días alumbraron un pequeño feto, con sumo cuidado los doctores lo depositaron en una gran burbuja de cristal hasta que terminó todo su desarrollo. A las cincuenta y ocho semanas de gestación fueron a recogerla con gran entusiasmo y la llevaron a casa.

Todos los días la peinaban, la perfumaban, le ayudaban a vestirse, le acercaban la silla de ruedas, Lana se sentaba y llevaban a su anciana hija a la guardería por la mañana. Le daban un beso y le decían que cuando salieran del trabajo pasarían a recogerla.

Lana a la salida de la guardería les contaba sus progresos.

. ─Papa, mama hoy la profesora nos ha hablado de un planeta llamado Tierra. Nos explicaba que las personas nacen bebes y lo natural es morir ancianos, decía que los ancianos de ese planeta no son tan felices como aquí, que tienen muchos miedos, sobre todo a la soledad. Según la maestra los hijos atienden a sus padres cuando son mayores, pero dice que tienen muy poca paciencia con ellos, que les suele molestar que los viejecitos repitan el mismo comentario una y otra vez. Ha sido un tema muy interesante, me ha hecho mucha gracia cuando nos contaba que los ancianos se enfadaban porque no podían comer de todo, yo no puedo comer de todo y no me enfado…

─Lana ¿Te enfadas si no te damos churros con chocolate?
─No, nunca los he probado, no sé si me gustan…
─¿Te enfadarías si dejamos de darte las sopas con leche, que tanto te gustan?
─Sí
─Pues lo mismo les pasa a ellos, se enfadan porque son alimentos que han degustado y ahora no pueden comer debido a su edad.
─Ahora si que lo comprendo.
─¿Qué más os ha exlicado?
─Algo que me ha causado mucha lástima dice que escolarizan a los niños a los tres años de edad, que los llenan de actividades y que apenas disponen de tiempo para jugar.
─Así es la mayoría de los casos.

La vida en Edigon era diferente, los hijos nacían ancianos ─ tenían un solo hijo─, los cuidaban, los mimaban. Les decoraban la habitación para su llegada acorde con sus necesidades. Los llevaban a la guardería en la ancianidad y más tarde los escolarizaban. Cuando llegaban a la edad adulta, trabajaban, tenían un ancianito y cuidaban de sus padres que habían llegado a la niñez. Ahorraban todo lo que podían durante esta época porque sabían que pronto llegaría la juventud y en este periodo solo se dedicaban al ocio. Pero lo más bonito era la niñez se pasaban el día jugando, era su única “obligación”. Llegado el momento final siendo bebes se quedaban dormidos para siempre en los brazos de los hijos.

martes, 6 de abril de 2010

SIN COMERLO NI BEBERLO

El edificio tenía treinta y cinco años, no poseía ascensor, en total eran ocho viviendas, dos por planta. Una estaba deshabitada y en venta, (tercer piso, puerta seis). Las personas que residían en el bloque, eran bastante mayores, la mayoría gente jubilada, con sus defectos y sus virtudes, pero todos transparentes y educados. Fermín y Adela, eran los dueños de uno de los pisos, (cuarto piso, puerta ocho).El matrimonio planificó marchar a otra vivienda que poseían. La casa estaba ubicada en el centro del pueblo, era acogedora y lo realmente importante, no tenía ni un solo peldaño. No les resultó fácil tomar esta determinación, eran queridos por todo el vecindario, se ayudaban unos a otros en caso necesario. Pero había algunas razones para tomar ésta decisión. Una de ellas que Adela tendría más calidad de vida, sufría de artrosis y apenas salía debido a la altura, la segunda razón, querían cederle el ático a su hijo Antonio y su novia Estefanía, tenían 29 años ambos y estaban deseando vivir juntos. Así que un buen día los padres marcharon a su nuevo hogar. La pareja de jóvenes decoró a su gusto el pisito y en cuanto lo tuvieron apunto pasaron a hacer vida en común. De eso hacía poco más de un año.

Estefanía, se encontraba en su segundo día de vacaciones, leía tranquilamente. Cuando de pronto oyó gritar. Era verano, las ventanas estaban abiertas, no hacía falta agudizar el oído para escuchar con claridad.

─¡Yo no he robado nada!
─Dime que has hecho con la pulsera de oro de tu madre.
─¡No he hecho nada! ¡Maldito hijo de puta! Siempre echándome las culpas.
─Lucia…
─¡Ni Lucia, ni mierda!
─Nos estás quitando la vida
─¿Ya vas de víctima? Jajajajaj ¡Anda y que te jodan!

Se hizo un silencio absoluto y acto seguido se escuchó un portazo. Lucía se había marchado.

Estefanía dedujo, que se trataba de los nuevos vecinos. Se habían mudado hacía dos semanas, un matrimonio bastante mayor y su hija. La joven de 24 años era sumamente delgada, de tez blanca como la leche, ojos azules y pelo tintado negro azabache. Los padres eran de edad avanzada, la madre aún estaba de buen ver, pero el padre tenía problemas de pulmón, como parte del tratamiento le suministraban oxigenoterapia domiciliaria. La comunidad se extraño que hubieran adquirido un tercer piso en esas condiciones. El hombre cada vez que tenía que salir de casa, era un martirio, de escalón en escalón, tenía que hacer un pequeño descanso.

Al regresar su pareja a casa después de un día bastante agotador en la oficina. Estefanía le contó la discusión entre Lucia y su padre. Antonio le dijo que justo por la mañana, cuando bajaba las escaleras se había tropezado con la nueva vecina y que ésta le había pedido por favor si podía prestarle diez euros, que se los pedía porque necesitaba comprar un medicamento.

─¿Le facilitaste el dinero, cariño?
─Sí… aunque no se si he hecho bien. La señora Paquita estaba limpiando el patio y al escuchar que me pedía dinero, me advirtió que Lucía andaba pidiendo a todo el vecindario.

A partir de ese día empezó el calvario para Antonio.

Cada vez que se cruzaban lo acechaba y alegaba una excusa diferente para conseguir que le diera unas monedas. Si accedía bien….Si no, lo insultaba, incluso lo amenazaba. Así fueron pasando los meses, cada día se sentía más acosado. Apenas podía conciliar el sueño, no se concentraba en el trabajo. Acudió al médico de familia y éste le recetó unas pastillas para la ansiedad, el doctor le dijo que se sentiría más tranquilo, pero que tuviera en cuenta que no atajaba el problema de raiz.

─¿Has pensado en denunciarla?
─Mil veces lo he meditado, pero….
─¿Pero?
─No es fácil, estando en el mismo edificio, estoy seguro que tomaría represalias. Ella tiene poco que perder. Por otra parte esta Estefanía, solo pensar que pudiera hacerle algo. No sé como terminar con esta locura…
─Quizá tengas razón, es difícil aconsejar en estos casos.

Las píldoras, surgieron efecto, se sentía mas sosegado, pero como bien le había comentado el doctor el problema persistía.

Un día Antonio se dirigía hacia su coche, cuando de pronto lo abordó, éste harto de la situación le dijo:

─No me pidas nada, te pido que dejes de agobiarme. Comprendo que tienes un problema, pero yo no soy la solución.
─¿Qué yo tengo un problema? ¡Tú si que vas a tener un problema! ─dijo alterada.

Antonio no le contestó, había llegado ya al coche y se subió. Lucía totalmente irritada sujeto la puerta para que no la cerrara y siguió vociferando.

─¡Tú, lo que estás es mal follado! Está bien…no me des nada ¿Qué tal si echamos un polvo? Solo te costará veinte pavos ─expresó más tranquila.

Antonio siguió sin articular palabra, puso el vehiculo en marcha, le quito la mano de la puerta y salió disparado, al tiempo que pensaba que esta situación no podía continuar así. Al día siguiente, se encontró con las cuatro ruedas pinchadas. Tuvo que llamar a un taxi, para poder ir a trabajar. A su regreso, decidió hablar con los progenitores de Lucía. Picó al timbre y le relató a su padre el atosigamiento al que se sentía sometido. A lo que el señor le contesto: ─Mira hijo, te recomiendo que si puedes salir de aquí e irte a vivir a otro lugar lo hagas cuanto antes, mi hija es drogadicta, fijate… me serviría de consuelo, pensar que su agresividad es solo a causa de su dependencia, pero por desgracia, siempre fue malvada, nunca le importó dañar a la gente, incluidos nosotros, con tal de lograr sus objetivos. Imaginate ahora que vive por y para la droga. Tú eres hombre, ella una mujer enferma, tal vez y debido a la persecución que sufres pierdas un día los papeles, ese día, recuérdalo, quien te la cargarás serás tú.
Se fue de allí cabizbajo, recapacitando sobre todo lo que le había dicho el padre de Lucía, y en el fondo, entendía que tenía razón, era la mejor forma de liberarse.

Al día siguiente Estefanía encontró un papel, se lo habían echado por debajo la puerta ponía lo siguiente; ─Dile al barbudo de los cojones, que sea la última vez que molesta a mi padre con sus tonterías.

Antonio les contó a sus padres, todo lo que estaba sucediendo y éstos les dieron permiso para que vendieran el piso y se buscaran otra propiedad. Así lo hicieron. Instalados en su nuevo hogar, respiraron por fin tranquilos, las pastillas las dejó poco a poco, la pesadilla había terminado; todo volvió a la normalidad.

Lucía, cada día que pasaba, estaba más deteriorada, tanto psicológicamente como físicamente. Terminó ejerciendo de prostituta en una rotonda. Fue amante de un individuo que le triplicaba la edad. Más tarde se echo un novio, también drogadicto, con el cual fornicaba en el patio, debajo del hueco de la escalera, sin pudor a ser vista. Se dedicaba a meter jeringas en los buzones, con el consiguiente peligro que eso conllevaba. Los vecinos hablaban a sus espaldas, sabían que era muy conflictiva y preferían evitarla, no deseaban enfrentamientos ─hubiera sido una lucha contra corriente─. También estuvo en la cárcel por robo, fue un periodo de calma para los propietarios que quedaron en la finca, ya que los que pudieron huir lo hicieron.

Los propietarios añoraban a menudo la paz y armonía que siempre había reinado entre los vecinos, recordaban cuando salían al rellano sin temor, ahora sin embargo, se lamentaban del infierno en el que vivían. Sin comerlo ni beberlo…

martes, 30 de marzo de 2010

arco iris

Arco iris de colores, que bello que estás…

Por un ladito me subo, para poderme sentar
Las piernas balanceo, oteando el azul mar
Mis pupilas fosforecen, ¿tanta belleza es normal?

Arco iris de colores, que bello que estas….

A mis amigos anhelo, que lo puedan deleitar
Acompañadme, les pido, vocifero sin parar
Por las siete escaleritas, camaradas suben ya

Arco iris de colores, que bello que estás…

A una nube brincamos y que mullidita está
Navegamos todos juntos, ¿el tiempo puedo parar?
Disfrutemos del momento, que rápido emigrará

Arco iris de colores, que bello que estás

La felicidad es efímera, tanto como el arco iris o más