viernes, 30 de abril de 2010

Gracias, por ser como eres


Cuando me ves afligida.
Hombre de pocas palabras
guardas silencio; no hablas.
Y combates con otra arma.

Me das la mano, me miras.
Y sigues sin decir nada.
Más arrumacos, caricias…
Hacen sentirme amparada.

Entonces ya sí preguntas.
¿Qué te pasa alma cándida?
¿Ya puedes contar tus penas?
¿Marchó el nudo de tu garganta?

Sí cielo mío, respondo.
Y tú me escuchas con calma.

martes, 27 de abril de 2010

Podría?


Podría disimular los celos…
La tristeza…
La decepción…
El egoísmo…
El deseo…
La locura…
La soledad…
Y un sinfin de sentimientos más… Podría…
Pero…
¿Podría disimular el amor no correspondido? No creo…
Mi gesto, la expresión de mi mirada, mis manos temblorosas… Me delatarían.
Entonces me pregunto…
¿Cómo podría disimular los celos…?
La tristeza…
La decepción…
El egoísmo…
El deseo…
La locura…
La soledad…
No, no podría…Ante él no podría encubrir mi encubrimiento.

sábado, 24 de abril de 2010

Una tonta muy cobarde

Emociones pasajeras
llenas de perturbación;
unas veces agradables
otras pura decepción.
Depende de cada caso
y de cada situación.

Pero ¿qué importa esa estrofa?
si quien la compone soy yo.
Una tonta en la inopia
llena de indecisión.
¡Podría escribir en prosa!
¿Quizá lo haga mejor?

Una opinión de ustedes,
sería buena elección.
¿Pero activar comentarios?
Menuda preocupación.
Soy demasiado cobarde,
para accionar esa opción.

miércoles, 21 de abril de 2010

María María


Entretanto se llenaba la bañera. María se cepilló los dientes y se pasó el irrigador bucal. Dejó caer en el agua caliente de la bañera unas gotas de aceite de vainilla y espuma de baño, le gustaba el aroma dulce y cálido que desprendía. Se relajó dentro del agua jugando con la espuma un buen rato, hasta que se quedó medio fría, decidió salir, se puso el albornoz y se fue a la cama.

─Cariño… estás completamente desnuda...sin braguitas…sin sujetador… me gusta tu aroma, hueles de una forma tan especial…

─Sí cielo, completamente...y mañana no trabajo.

─Que maravilla… no tienes que madrugar… ─Le susurraba el marido al oído mientras la acariciaba… sus manos recorrían su cuerpo suavemente…

─Bueno…madrugar sí… Mañana empiezan las rebajas y estoy completamente desnuda. Buenas noches y sueña con angelitos…

─¿Sabes cielo?

─Dime María.

─Solo fue una broma…sigue…

─María…María

lunes, 19 de abril de 2010

¡SI ME LLEGA A DAR ME DESCALABRA!


Había terminado mi jornada laboral, me dirigía a la estación del norte en Valencia, acababa de acceder a la calle Játiva, cuando observé a un hombre de avanzada edad que venía de frente, era alto, pelo gris y desgreñado, llevaba un abrigo larguísimo y algo raído, y un garrote muy grande, ─¿qué digo grande?─, parecía una porra troglodita, quizá no tenía la forma tan definida como ésta, pero aseguro que el diámetro era bien grande y su largo mediría como mínimo un metro, por supuesto no usaba la garrota para apoyarse, la balanceaba al son de sus pasos. Se me quedo mirando y yo a él, tenía una mirada muy rara. Me encontraba a unos tres metros de distancia, cuando de repente me percaté que alzó el bastón más de lo normal, me asusté y mi intuición hizo que diera unos pasos apresurados hacía mi derecha donde se encontraban dos chicos hablando, me agazape con fuerza a uno de ellos, ni siquiera miré al viejo hasta pasados unos segundos. El chico me preguntó que me pasaba, ─ él se encontraba de espaldas al supuesto agresor y no vio nada─ le señalé al señor del abrigo, le dije que me había asustado la mirada extraña que tenía, también le comenté que me había dado la sensación de que iba a atizarme con la garrota ─seguramente pensaría que estaba loca─. Pero el amigo que se encontraba frente al individuo del garrote también había notado algo extraño en el personaje y se lo comentó. Pedí disculpas y seguí mi camino. Cada ratito me daba la vuelta, todavía estaba acobardada.

Cuando llegue a casa relaté a los míos lo que me había sucedido. Me decían que serían imaginaciones mías, que como iba a vapulearme con el garrote un desconocido en una calle tan concurrida de Valencia. Se desternillaban cuando les hablaba de las dimensiones de la porra troglodita ─pensaron que me había montado una película─. Yo seguía convencida que de no aferrarme al chico me habría golpeado seguro, pero no dije más y concluimos el tema.

Por la tarde sonó el teléfono, ─ era mi madre─ la notaba alterada, al hablarme parecía que llevaba quince chicles en la boca, apenas vocalizaba bien.

─¡¡¡¡Ayyyssss hija no sabes lo que acabo de oír en la radio, que un loco escapado del psiquiátrico esta mañana ha agredido a varías mujeres con una garrota de enorme tamaño, en la calle Játiva y alrededores, y una de ellas esta ingresada!!!!

QUERIDO ABUELO

Querido abuelo:

Abuelito como me acuerdo de ti, espero y deseo que estés muy bien, te escribo esta carta para recordarte varias anécdotas, sé que te harán feliz.

¿Te acuerdas cuando me llevabas contigo al bar? Yo era tan pequeña…nos sentábamos en una mesa y tú llamabas al camarero y le pedías unas gambitas saladas para mi ─sabías que me encantaban─ primero me las pelabas y mientras me las comía, desenvolvías un caramelo de pictolin y utilizabas el envoltorio para enseñarme a hacer barquitos de papel.

También recuerdo las veces que me salvabas de situaciones… ahora me hace mucha gracia, pero realmente para mi entonces era importante y eras mi salvador, mi ídolo, mi todo. Como el día que me mando la mama a comprar sal. Yo estaba jugando y no podía perder el tiempo y mi madre me obligó, me dio el dinero y me dijo que fuera. Salí corriendo mientras le gritaba imbecilllllllll. Cuando regresaba a casa con la sal te encontré por el camino, la mama me riñó y pretendía darme unos azotes en el culo, pero tú me cogiste de los brazos y me ibas apartando sorteando los “golpes”. Otro día me mando a comprar huevos, yo estaba patinando en la calle, me dijo que me quitara los patines y yo terca como siempre no me los quise quitar. ¡Cómo lleguen a casa hechos tortilla te castigaré! ─me decía─ y anda si llegaron…no se salvo ni un huevo jajajajja. Yo veía la risita de mi madre por debajo la barbilla, pero ese día el castigo no me lo quito nadie. Cuando te lo conté me dijiste… si llega a estar el abuelo compra otra docena y no se entera.

Abuelo… y el día que la tía Pepa me regaló la falda plisada roja, esa cortita, ¿te acuerdas? me veía guapísima y ni corta ni perezosa me fui a tu casa a haceros un pase de modelo, jo cuando la abuela se entero que fui sola, se puso como loca, no se lo podía ni creer, y tú dijiste “bueno venga que tampoco es para tanto” ahora la llevo a casa. Por el camino hablábamos de la falda, del color rojo tan bonito que tenía y de lo bien que me sentaba. También me explicabas que era muy pequeña para ir sola a tu casa y que no debía haberlo hecho. Mientras… mis padres estaban tan tranquilos pensando que estaba en casa de una amiga.

Abuelo…y las trampas que le hacías a la abuela jugando al parchís ¡qué! Te salía un dos y te pintabas cuatro, jajajjaja, yo alucinaba, pero más aluciné cuando me preguntó la abuela de que me reía tanto y yo le contesté ─de nada abuela─ y ella me dijo, ya se que tu abuelo y tú sois cómplices y que me está haciendo trampas, pero como yo soy la que apunta quien gana la partida, qué sepáis los dos, que tu abuelo las gana a base de trampas, pero yo anoto que he ganado la partida, jajajjajajajja, al final la abuela había ganado tres partidas y tú una ─cualquiera se lo discutía─ como nos reíamos… a la abuela no se la pegábamos, menuda lista era…

También te quiero recordar el día que la abuela hizo sopa de fideos, y a mi me caía un mechón de pelo en la comida, lo retiraba y me volvía a caer dentro de la sopa, te levantaste de la mesa, cogiste las tijeras me cortaste el mechón y te lo guardaste en la cartera. Siempre lo has llevado contigo…


¿Abuelo te acuerdas cuando pedí a los reyes la bici BH? Te preguntaba si mis padres me la habrían comprado, tú me decías que sí, pero yo insistía e insistía si estabas seguro. Entonces haciéndote el interesante me dijiste: “Voy a darte una sorpresa” pero de esto que no se entere nadie, cogiste las llaves de casa del tío Juan y subimos al piso que se encontraba vacío, entramos al comedor y ahí estaba mi nueva y flamante bici BH roja, jajajjaja, como me reía y pedaleaba como una loca. No dirás que no sé mantener un secreto, nunca se lo dije a mis padres, se enteraron cuando los dos lo contamos pasados muchos años. ¿Te acuerdas?

Abuelo recuerdo las batallas de la guerra que me contabas, para mi eras un héroe. Son tantas cosas compartidas que me resulta imposible enumerarlas.

Quiero darte las gracias, he tenido una suerte inmensa de tenerte como abuelo. Has sido, eres y serás una de las personas más importante de mi vida. Abuelito ¿sabes? guardo todas tus novelas de Estefanía.

Siempre que me ocurría algo, fuera bueno o malo siempre te llamaba; abuelitoooooo…abuelitooooo y sigo llamandote.


Abuelito solo tengo ahora un problema, no sé dónde mandarte esta carta, espero que desde el cielo la puedas leer. Si cierro los ojos incluso puedo abrazarte y sentirte y estoy segura que sientes mis abrazos. Ojala el día que tenga nietos pueda lograr con mi buen hacer que me quieran la mitad de lo que yo te quiero a ti.

Te quiero abuelo, dale un abrazo a la abuela muy grande y dile que también la añoro.

sábado, 10 de abril de 2010

INCERTIDUMBRE



Si pudiera leer tus sentimientos;
perdería temor, ganaría valentía,
batallaría con todos mis miedos,
acabaría con amarga melancolía.

viernes, 9 de abril de 2010

PLANETA EDIGON



Nawey y Sagna vivían en un planeta llamado Edigon. Tenían cuarenta años, era la mejor edad para tener hijos en ese planeta. Nawey y Sagna concibieron a su hija de forma natural, a los quince días alumbraron un pequeño feto, con sumo cuidado los doctores lo depositaron en una gran burbuja de cristal hasta que terminó todo su desarrollo. A las cincuenta y ocho semanas de gestación fueron a recogerla con gran entusiasmo y la llevaron a casa.

Todos los días la peinaban, la perfumaban, le ayudaban a vestirse, le acercaban la silla de ruedas, Lana se sentaba y llevaban a su anciana hija a la guardería por la mañana. Le daban un beso y le decían que cuando salieran del trabajo pasarían a recogerla.

Lana a la salida de la guardería les contaba sus progresos.

. ─Papa, mama hoy la profesora nos ha hablado de un planeta llamado Tierra. Nos explicaba que las personas nacen bebes y lo natural es morir ancianos, decía que los ancianos de ese planeta no son tan felices como aquí, que tienen muchos miedos, sobre todo a la soledad. Según la maestra los hijos atienden a sus padres cuando son mayores, pero dice que tienen muy poca paciencia con ellos, que les suele molestar que los viejecitos repitan el mismo comentario una y otra vez. Ha sido un tema muy interesante, me ha hecho mucha gracia cuando nos contaba que los ancianos se enfadaban porque no podían comer de todo, yo no puedo comer de todo y no me enfado…

─Lana ¿Te enfadas si no te damos churros con chocolate?
─No, nunca los he probado, no sé si me gustan…
─¿Te enfadarías si dejamos de darte las sopas con leche, que tanto te gustan?
─Sí
─Pues lo mismo les pasa a ellos, se enfadan porque son alimentos que han degustado y ahora no pueden comer debido a su edad.
─Ahora si que lo comprendo.
─¿Qué más os ha exlicado?
─Algo que me ha causado mucha lástima dice que escolarizan a los niños a los tres años de edad, que los llenan de actividades y que apenas disponen de tiempo para jugar.
─Así es la mayoría de los casos.

La vida en Edigon era diferente, los hijos nacían ancianos ─ tenían un solo hijo─, los cuidaban, los mimaban. Les decoraban la habitación para su llegada acorde con sus necesidades. Los llevaban a la guardería en la ancianidad y más tarde los escolarizaban. Cuando llegaban a la edad adulta, trabajaban, tenían un ancianito y cuidaban de sus padres que habían llegado a la niñez. Ahorraban todo lo que podían durante esta época porque sabían que pronto llegaría la juventud y en este periodo solo se dedicaban al ocio. Pero lo más bonito era la niñez se pasaban el día jugando, era su única “obligación”. Llegado el momento final siendo bebes se quedaban dormidos para siempre en los brazos de los hijos.

martes, 6 de abril de 2010

SIN COMERLO NI BEBERLO

El edificio tenía treinta y cinco años, no poseía ascensor, en total eran ocho viviendas, dos por planta. Una estaba deshabitada y en venta, (tercer piso, puerta seis). Las personas que residían en el bloque, eran bastante mayores, la mayoría gente jubilada, con sus defectos y sus virtudes, pero todos transparentes y educados. Fermín y Adela, eran los dueños de uno de los pisos, (cuarto piso, puerta ocho).El matrimonio planificó marchar a otra vivienda que poseían. La casa estaba ubicada en el centro del pueblo, era acogedora y lo realmente importante, no tenía ni un solo peldaño. No les resultó fácil tomar esta determinación, eran queridos por todo el vecindario, se ayudaban unos a otros en caso necesario. Pero había algunas razones para tomar ésta decisión. Una de ellas que Adela tendría más calidad de vida, sufría de artrosis y apenas salía debido a la altura, la segunda razón, querían cederle el ático a su hijo Antonio y su novia Estefanía, tenían 29 años ambos y estaban deseando vivir juntos. Así que un buen día los padres marcharon a su nuevo hogar. La pareja de jóvenes decoró a su gusto el pisito y en cuanto lo tuvieron apunto pasaron a hacer vida en común. De eso hacía poco más de un año.

Estefanía, se encontraba en su segundo día de vacaciones, leía tranquilamente. Cuando de pronto oyó gritar. Era verano, las ventanas estaban abiertas, no hacía falta agudizar el oído para escuchar con claridad.

─¡Yo no he robado nada!
─Dime que has hecho con la pulsera de oro de tu madre.
─¡No he hecho nada! ¡Maldito hijo de puta! Siempre echándome las culpas.
─Lucia…
─¡Ni Lucia, ni mierda!
─Nos estás quitando la vida
─¿Ya vas de víctima? Jajajajaj ¡Anda y que te jodan!

Se hizo un silencio absoluto y acto seguido se escuchó un portazo. Lucía se había marchado.

Estefanía dedujo, que se trataba de los nuevos vecinos. Se habían mudado hacía dos semanas, un matrimonio bastante mayor y su hija. La joven de 24 años era sumamente delgada, de tez blanca como la leche, ojos azules y pelo tintado negro azabache. Los padres eran de edad avanzada, la madre aún estaba de buen ver, pero el padre tenía problemas de pulmón, como parte del tratamiento le suministraban oxigenoterapia domiciliaria. La comunidad se extraño que hubieran adquirido un tercer piso en esas condiciones. El hombre cada vez que tenía que salir de casa, era un martirio, de escalón en escalón, tenía que hacer un pequeño descanso.

Al regresar su pareja a casa después de un día bastante agotador en la oficina. Estefanía le contó la discusión entre Lucia y su padre. Antonio le dijo que justo por la mañana, cuando bajaba las escaleras se había tropezado con la nueva vecina y que ésta le había pedido por favor si podía prestarle diez euros, que se los pedía porque necesitaba comprar un medicamento.

─¿Le facilitaste el dinero, cariño?
─Sí… aunque no se si he hecho bien. La señora Paquita estaba limpiando el patio y al escuchar que me pedía dinero, me advirtió que Lucía andaba pidiendo a todo el vecindario.

A partir de ese día empezó el calvario para Antonio.

Cada vez que se cruzaban lo acechaba y alegaba una excusa diferente para conseguir que le diera unas monedas. Si accedía bien….Si no, lo insultaba, incluso lo amenazaba. Así fueron pasando los meses, cada día se sentía más acosado. Apenas podía conciliar el sueño, no se concentraba en el trabajo. Acudió al médico de familia y éste le recetó unas pastillas para la ansiedad, el doctor le dijo que se sentiría más tranquilo, pero que tuviera en cuenta que no atajaba el problema de raiz.

─¿Has pensado en denunciarla?
─Mil veces lo he meditado, pero….
─¿Pero?
─No es fácil, estando en el mismo edificio, estoy seguro que tomaría represalias. Ella tiene poco que perder. Por otra parte esta Estefanía, solo pensar que pudiera hacerle algo. No sé como terminar con esta locura…
─Quizá tengas razón, es difícil aconsejar en estos casos.

Las píldoras, surgieron efecto, se sentía mas sosegado, pero como bien le había comentado el doctor el problema persistía.

Un día Antonio se dirigía hacia su coche, cuando de pronto lo abordó, éste harto de la situación le dijo:

─No me pidas nada, te pido que dejes de agobiarme. Comprendo que tienes un problema, pero yo no soy la solución.
─¿Qué yo tengo un problema? ¡Tú si que vas a tener un problema! ─dijo alterada.

Antonio no le contestó, había llegado ya al coche y se subió. Lucía totalmente irritada sujeto la puerta para que no la cerrara y siguió vociferando.

─¡Tú, lo que estás es mal follado! Está bien…no me des nada ¿Qué tal si echamos un polvo? Solo te costará veinte pavos ─expresó más tranquila.

Antonio siguió sin articular palabra, puso el vehiculo en marcha, le quito la mano de la puerta y salió disparado, al tiempo que pensaba que esta situación no podía continuar así. Al día siguiente, se encontró con las cuatro ruedas pinchadas. Tuvo que llamar a un taxi, para poder ir a trabajar. A su regreso, decidió hablar con los progenitores de Lucía. Picó al timbre y le relató a su padre el atosigamiento al que se sentía sometido. A lo que el señor le contesto: ─Mira hijo, te recomiendo que si puedes salir de aquí e irte a vivir a otro lugar lo hagas cuanto antes, mi hija es drogadicta, fijate… me serviría de consuelo, pensar que su agresividad es solo a causa de su dependencia, pero por desgracia, siempre fue malvada, nunca le importó dañar a la gente, incluidos nosotros, con tal de lograr sus objetivos. Imaginate ahora que vive por y para la droga. Tú eres hombre, ella una mujer enferma, tal vez y debido a la persecución que sufres pierdas un día los papeles, ese día, recuérdalo, quien te la cargarás serás tú.
Se fue de allí cabizbajo, recapacitando sobre todo lo que le había dicho el padre de Lucía, y en el fondo, entendía que tenía razón, era la mejor forma de liberarse.

Al día siguiente Estefanía encontró un papel, se lo habían echado por debajo la puerta ponía lo siguiente; ─Dile al barbudo de los cojones, que sea la última vez que molesta a mi padre con sus tonterías.

Antonio les contó a sus padres, todo lo que estaba sucediendo y éstos les dieron permiso para que vendieran el piso y se buscaran otra propiedad. Así lo hicieron. Instalados en su nuevo hogar, respiraron por fin tranquilos, las pastillas las dejó poco a poco, la pesadilla había terminado; todo volvió a la normalidad.

Lucía, cada día que pasaba, estaba más deteriorada, tanto psicológicamente como físicamente. Terminó ejerciendo de prostituta en una rotonda. Fue amante de un individuo que le triplicaba la edad. Más tarde se echo un novio, también drogadicto, con el cual fornicaba en el patio, debajo del hueco de la escalera, sin pudor a ser vista. Se dedicaba a meter jeringas en los buzones, con el consiguiente peligro que eso conllevaba. Los vecinos hablaban a sus espaldas, sabían que era muy conflictiva y preferían evitarla, no deseaban enfrentamientos ─hubiera sido una lucha contra corriente─. También estuvo en la cárcel por robo, fue un periodo de calma para los propietarios que quedaron en la finca, ya que los que pudieron huir lo hicieron.

Los propietarios añoraban a menudo la paz y armonía que siempre había reinado entre los vecinos, recordaban cuando salían al rellano sin temor, ahora sin embargo, se lamentaban del infierno en el que vivían. Sin comerlo ni beberlo…