lunes, 19 de abril de 2010

QUERIDO ABUELO

Querido abuelo:

Abuelito como me acuerdo de ti, espero y deseo que estés muy bien, te escribo esta carta para recordarte varias anécdotas, sé que te harán feliz.

¿Te acuerdas cuando me llevabas contigo al bar? Yo era tan pequeña…nos sentábamos en una mesa y tú llamabas al camarero y le pedías unas gambitas saladas para mi ─sabías que me encantaban─ primero me las pelabas y mientras me las comía, desenvolvías un caramelo de pictolin y utilizabas el envoltorio para enseñarme a hacer barquitos de papel.

También recuerdo las veces que me salvabas de situaciones… ahora me hace mucha gracia, pero realmente para mi entonces era importante y eras mi salvador, mi ídolo, mi todo. Como el día que me mando la mama a comprar sal. Yo estaba jugando y no podía perder el tiempo y mi madre me obligó, me dio el dinero y me dijo que fuera. Salí corriendo mientras le gritaba imbecilllllllll. Cuando regresaba a casa con la sal te encontré por el camino, la mama me riñó y pretendía darme unos azotes en el culo, pero tú me cogiste de los brazos y me ibas apartando sorteando los “golpes”. Otro día me mando a comprar huevos, yo estaba patinando en la calle, me dijo que me quitara los patines y yo terca como siempre no me los quise quitar. ¡Cómo lleguen a casa hechos tortilla te castigaré! ─me decía─ y anda si llegaron…no se salvo ni un huevo jajajajja. Yo veía la risita de mi madre por debajo la barbilla, pero ese día el castigo no me lo quito nadie. Cuando te lo conté me dijiste… si llega a estar el abuelo compra otra docena y no se entera.

Abuelo… y el día que la tía Pepa me regaló la falda plisada roja, esa cortita, ¿te acuerdas? me veía guapísima y ni corta ni perezosa me fui a tu casa a haceros un pase de modelo, jo cuando la abuela se entero que fui sola, se puso como loca, no se lo podía ni creer, y tú dijiste “bueno venga que tampoco es para tanto” ahora la llevo a casa. Por el camino hablábamos de la falda, del color rojo tan bonito que tenía y de lo bien que me sentaba. También me explicabas que era muy pequeña para ir sola a tu casa y que no debía haberlo hecho. Mientras… mis padres estaban tan tranquilos pensando que estaba en casa de una amiga.

Abuelo…y las trampas que le hacías a la abuela jugando al parchís ¡qué! Te salía un dos y te pintabas cuatro, jajajjaja, yo alucinaba, pero más aluciné cuando me preguntó la abuela de que me reía tanto y yo le contesté ─de nada abuela─ y ella me dijo, ya se que tu abuelo y tú sois cómplices y que me está haciendo trampas, pero como yo soy la que apunta quien gana la partida, qué sepáis los dos, que tu abuelo las gana a base de trampas, pero yo anoto que he ganado la partida, jajajjajajajja, al final la abuela había ganado tres partidas y tú una ─cualquiera se lo discutía─ como nos reíamos… a la abuela no se la pegábamos, menuda lista era…

También te quiero recordar el día que la abuela hizo sopa de fideos, y a mi me caía un mechón de pelo en la comida, lo retiraba y me volvía a caer dentro de la sopa, te levantaste de la mesa, cogiste las tijeras me cortaste el mechón y te lo guardaste en la cartera. Siempre lo has llevado contigo…


¿Abuelo te acuerdas cuando pedí a los reyes la bici BH? Te preguntaba si mis padres me la habrían comprado, tú me decías que sí, pero yo insistía e insistía si estabas seguro. Entonces haciéndote el interesante me dijiste: “Voy a darte una sorpresa” pero de esto que no se entere nadie, cogiste las llaves de casa del tío Juan y subimos al piso que se encontraba vacío, entramos al comedor y ahí estaba mi nueva y flamante bici BH roja, jajajjaja, como me reía y pedaleaba como una loca. No dirás que no sé mantener un secreto, nunca se lo dije a mis padres, se enteraron cuando los dos lo contamos pasados muchos años. ¿Te acuerdas?

Abuelo recuerdo las batallas de la guerra que me contabas, para mi eras un héroe. Son tantas cosas compartidas que me resulta imposible enumerarlas.

Quiero darte las gracias, he tenido una suerte inmensa de tenerte como abuelo. Has sido, eres y serás una de las personas más importante de mi vida. Abuelito ¿sabes? guardo todas tus novelas de Estefanía.

Siempre que me ocurría algo, fuera bueno o malo siempre te llamaba; abuelitoooooo…abuelitooooo y sigo llamandote.


Abuelito solo tengo ahora un problema, no sé dónde mandarte esta carta, espero que desde el cielo la puedas leer. Si cierro los ojos incluso puedo abrazarte y sentirte y estoy segura que sientes mis abrazos. Ojala el día que tenga nietos pueda lograr con mi buen hacer que me quieran la mitad de lo que yo te quiero a ti.

Te quiero abuelo, dale un abrazo a la abuela muy grande y dile que también la añoro.