
Valencia 13 de mayo del 2010
A la att. De Recursos Humanos:
Quiero agradecerles que me dieran un puesto de trabajo en su empresa y darles las gracias por las atenciones recibidas, sobre todo por parte de la coordinadora que valora mi trabajo y mi esfuerzo e incluso no duda en felicitarme por superar los objetivos de ventas.
Es cierto que accedí al puesto encantada. Este trabajo aparte de que me gusta me deja la oportunidad de atender a mi familia gracias a un buen horario. Siento profundamente tener que renunciar a el y más en los tiempos que corren.
Quizá se pregunte el porqué de mi dimisión cuando todavía no hace dos semanas que me he incorporado al trabajo. Intentaré explicárselo… El domingo despierto ilusionada y a medida que avanza el día y se acerca el lunes siento un gran vacío, un vacío que sin embargo me llena. Me llena de insatisfacción, me llena de inquietud y acaba con mis ilusiones. Ilusiones de superarme día a día. Me resulta difícil avanzar sintiéndome coaccionada. Siento que aunque pongo el máximo interés para progresar no me llevará a ninguna parte entretanto haya una persona arribista que juzgue mi trabajo y controle continuamente mis tareas, cuando en realidad no posee potestad alguna ni para delegar ni para dirigir mi trabajo, todo lo hace con el fin de cuanto más trabajo haga yo más se zafa ella de sus obligaciones. De momento es llevadero, pero… ¿que me espera cuando la encargada coja la baja por maternidad de aquí un par de meses? ¿Quién pondrá paz? Solo se que la tristeza me embarga y que prefiero renunciar antes de tener que soportar una “guerra fría”.
Aviso con quince días de antelación, para que me preparen el finiquito, pero no me importa esperar más tiempo hasta que encuentren a la persona adecuada para ocupar mi lugar.
Atte: Una persona que se siente subyugada.
Posdata; Esta carta nunca llegará a su destino, pero es una forma de desahogarme. No sé lo que aguantaré como siga este plan, seguramente muy poco. Prefiero comer pan y cebolla y no vivir inquieta. Siento en el alma las personas que dependen de un sueldo para poder sobrevivir y no pueden renunciar cuando son acosadas continuamente y tienen que acudir a la medicación para poder soportar la presión, yo gracias a Dios en estos momentos me lo puedo permitir, tal vez en otra ocasión no pueda y tenga que pasar por donde me digan. Lo peor de todo es que el mal rollo ocurra entre personal subordinado, al menos si tienes que estar avasallada que sea por un superior. Nadie somos imprescindibles esto se aprende con el tiempo, hoy quizá renuncie yo y quizá mañana cuando la conozcan bien, ya que apenas lleva dos meses la despidan a ella.
A la att. De Recursos Humanos:
Quiero agradecerles que me dieran un puesto de trabajo en su empresa y darles las gracias por las atenciones recibidas, sobre todo por parte de la coordinadora que valora mi trabajo y mi esfuerzo e incluso no duda en felicitarme por superar los objetivos de ventas.
Es cierto que accedí al puesto encantada. Este trabajo aparte de que me gusta me deja la oportunidad de atender a mi familia gracias a un buen horario. Siento profundamente tener que renunciar a el y más en los tiempos que corren.
Quizá se pregunte el porqué de mi dimisión cuando todavía no hace dos semanas que me he incorporado al trabajo. Intentaré explicárselo… El domingo despierto ilusionada y a medida que avanza el día y se acerca el lunes siento un gran vacío, un vacío que sin embargo me llena. Me llena de insatisfacción, me llena de inquietud y acaba con mis ilusiones. Ilusiones de superarme día a día. Me resulta difícil avanzar sintiéndome coaccionada. Siento que aunque pongo el máximo interés para progresar no me llevará a ninguna parte entretanto haya una persona arribista que juzgue mi trabajo y controle continuamente mis tareas, cuando en realidad no posee potestad alguna ni para delegar ni para dirigir mi trabajo, todo lo hace con el fin de cuanto más trabajo haga yo más se zafa ella de sus obligaciones. De momento es llevadero, pero… ¿que me espera cuando la encargada coja la baja por maternidad de aquí un par de meses? ¿Quién pondrá paz? Solo se que la tristeza me embarga y que prefiero renunciar antes de tener que soportar una “guerra fría”.
Aviso con quince días de antelación, para que me preparen el finiquito, pero no me importa esperar más tiempo hasta que encuentren a la persona adecuada para ocupar mi lugar.
Atte: Una persona que se siente subyugada.
Posdata; Esta carta nunca llegará a su destino, pero es una forma de desahogarme. No sé lo que aguantaré como siga este plan, seguramente muy poco. Prefiero comer pan y cebolla y no vivir inquieta. Siento en el alma las personas que dependen de un sueldo para poder sobrevivir y no pueden renunciar cuando son acosadas continuamente y tienen que acudir a la medicación para poder soportar la presión, yo gracias a Dios en estos momentos me lo puedo permitir, tal vez en otra ocasión no pueda y tenga que pasar por donde me digan. Lo peor de todo es que el mal rollo ocurra entre personal subordinado, al menos si tienes que estar avasallada que sea por un superior. Nadie somos imprescindibles esto se aprende con el tiempo, hoy quizá renuncie yo y quizá mañana cuando la conozcan bien, ya que apenas lleva dos meses la despidan a ella.